Las obras de una autovía en la isla provocan una reacción inusitada de resistencia en sus habitantes, que ven amenazada su riqueza natural.
Se invertirán 221 millones de euros y se reportará el 6,5% de su coste.
La carretera no sólo ha dividido físicamente la isla de norte a sur, sino que ha dividido a su población porque ya no comparten la misma idea de “calidad de vida”.
Por una parte los que apoyan su construcción: Abel Matutes (alcalde de Ibiza ), la consejería de obras públicas, El Consell, El Fomento de Construcciones y Contratas, la constructora Matutes,...
Es imprescindible para el desarrollo y mejora la reducción de los accidentes de tráfico.
Implica cumplir con su progrma electoral, aunque éste sólo haba de “mejorar” de la red viaria, no de la autovía. Matutes declara que sus bienes personales se ven también afectados y por lo tanto si apoya la construcción es por el bién de la isla. “Resulta que ahora es la derecha la que defiende el interés general de una mejor calidad de vida para todos y carreteras más seguras, y son los de izquierdas los que defienden los intereses de unos pocos y encima están bien pagados (con las indemnnizaciones)”
Por otra parte los que se oponen a su construcción:
Es innecesaria por sus tremendas dimensiones y porque sepulta bajo el asfalto centenares de fincas y decenas de viviendas y propiedaes en uso y restos arqueológicos, en una isla de 42por14 kilómetros. Ni la mejora de los preoyectos, ni de esas carreteras estaban iunicialmente pactados con el Estado e incluidos en los presupuestos del año 2007 para su posterior desarrollo en el 2008. A los que firmaron unas contrataciones, sólo se les ha pagado una cantidad inicial, pero en su acta ni siquiera consta el “justiprecio” que determina el valor final de su propiedad, a pesar de que ya haya sido demolida, y que les dijeron que les pagarían el resto en “unos meses” y, en algunos casos ya ha pasado un año. Apenas quedan zonas naturales en la zona.
